
El componente principal para operar la cámara es la memoria. Muchas cámaras vienen sin memoria o con memorias muy pequeñas, con las cuales haces un par de fotos. La memoria dependerá del modelo, la más usada es la SD, aunque también tenemos otros modelos que dependen del fabricante (Memory Stick, Compact Flash, XD, entre otras). La selección de la memoria dependerá en gran
medida de los megapíxeles, que arrojarán un aproximado de fotos que harás con unos determinados GB. En la actualidad, la medida más usada es la de 4GB, pero si tenemos una cámara de más de 12 megapíxeles, nos convendría de 8, 16 o hasta 32Gb. No siempre lo más grande es lo que nos conviene, ya que hay cámaras que por el sistema que incorporan, soportan hasta una cantidad límite de memoria. Por lo que debemos investigar cuál es la más conveniente para determinado modelo.
Por otra parte, tenemos la alimentación, es decir, la batería de litio o las pilas alcalinas. En el caso de las baterías, estas tienen una duración que puede oscilar dependiendo del uso, condiciones climáticas y las cargas; por ello se recomienda tener alguna batería de recambio, con el fin de no quedarse corto en medio de una foto importante. También están las cámaras que funcionan con las pilas de toda vida, estas suponen un gasto constante y la contaminación del planeta, por lo que es
conveniente comprar un cargador de pilas recargables con dos recambios. Las cámaras de pilas son muy buscadas por los aventureros, ya que acostumbran ir a sitios donde no hay electricidad, si se le agotan las recargables, siempre pueden optar por comprar un par de pilas, pero no dejan de tener una duración inferior a las baterías, en tiempo de utilización del aparato. Bien es cierto, que cuando nos compramos una cámara nueva, le queremos sacar el mayor provecho a nuestra inversión, por lo que es básico comprar una funda o bolsa, para que no se estropee; además de un protector de pantalla, recuerda que es por donde vemos las fotos.
En cuanto a las réflex, debemos proteger las ópticas que suponen costes desde 100€ hasta 6000€, por lo que es imprescindible el uso de algún filtro de protección como el UV o Skylight. Hay quien tienen una gran variedad de filtros que van desde los polarizadores, que son los más convencionales para captar cielos, para controlar la luz; o algunos filtros de colores o detalles que queremos en las fotos. En este rango, entran los parasoles, accesorio obligatorio para hacer fotos en sitios como la playa, donde es imposible controlar la luz. Para las réflex existen infinidad de accesorios dependiendo de nuestra necesidad, protectores para el visor, salvatapas, cable disparador, kit de limpieza y más.
Pero el fiel compañero de nuestro equipo, es el flash, que potenciará el aprovechamiento de nuestra
cámara, no sólo por las condiciones de luz, sino para acompañar un determinado rango focal, ya sea macro o tele. Y como accesorio final, el trípode. Ya sabemos que es un palizón, pero cuantas veces hemos regresado de un viaje y sólo tenemos una foto en familia que nos tomó un turista que pasaba por allí, que salió fatal y le dijimos perfect!!! Además de esto, el trípode será nuestro soporte cuando estamos en condiciones de poca luz, o si queremos alargar la exposición de la foto, ya sea de forma manual o con un programa nocturno determinado, porque es imposible que nuestro pulso nos deje hacer una foto en condiciones.